HAPPY NEW YEAR IN VIENNA
Viena era un destino pendiente para las tres. Queríamos pasar el fin de año 2025 diferente, para despedir a este año en el que nada había sido como esperábamos. Ellas no pudieron realizar su anhelado viaje a Tailandia y a mi se frustró drástica y desagradablemente mi última singladura hacia la vuelta al mundo.
Así que allí estábamos las tres, ilusionadas con esta nueva aventura destinada a descubrir una ciudad desconocida todavía para todas.
Después de mucha búsqueda y seguimiento, habíamos conseguido un apartamento en todo el centro de la ciudad. Distrito 1, zona denominada Innere Stadt. Totalmente recomendable, porque no hemos necesitado transporte público para desplazarnos, aunque hemos batido récords de pasos diarios, pero eso es bueno, si mueves las piernas, mueves el corazón.
Llegamos a mediodía y decidimos coger un Uber, unos 39€, pues entre 3 te sale mas o menos como el transporte público p.p. y es mucho más cómodo con las maletas. Solo a tener en cuenta que ellos están en la planta baja, en Salidas, pues en las llegadas, que es el piso superior solo pueden estar los taxis. Pero como la app tiene la posibilidad de chatear con el conductor en cualquier idioma (porque lo traduce) pues subió el hombre a buscarnos y muy amablemente nos ayudó con las maletas y nos guió hasta su coche.
La casera también resultó ser muy amable, nos esperaba pacientemente y tras darnos las indicaciones pertinentes y entregarnos las llaves y todas las claves de las puertas y cerrojos digitales, nos recomendó un restaurante justo al bajar a la calle, de ambiente local, no turístico y, no me extraña, por lo escondido que estaba en un pasaje escaleras abajo. Restaurante Zwolf Apostelkeller, donde comimos nuestro primer Gulasch, típico plato austriaco, basado en un guiso de ternera.
Después de tan suculenta comida dimos un paseo por los alrededores del apartamento, que básicamente era todo el centro de Viena, la plaza de la Catedral de San Esteban, la calle Kraben, etc. Una se retiro antes, estaba cansada del viaje y ha estado convaleciente recientemente y, al estar tan cerquita, las otras dos nos quedamos un poco más para dar cuenta en una terraza preciosa, color rosa, mantas incluidas, de uno de los postres típicos de Viena, y el favorito del emperador Francisco Jose, el Kaiserschmarrn. Una especie de tarta troceada, servida con azúcar glasé y mermelada de fresa. Y en esta cafetería la sacan en una paellita pequeña dorada monísima. El servicio no fue bueno, los cafés malos y fríos, pero el postre exquisito para los golosos, ¡claro!. Con ello y alguna compra de provisiones en el super para nuestros desayunos, dimos por concluido el primer día.
El segundo día teníamos excursión contratada, la única en toda la semana, con Civitatis. A las 09:30h estábamos en la puerta de la ópera para coger un bus y hacer un recorrido por toda la ciudad mientras la guía nos explicaba todos y cada uno de los edificios que íbamos viendo, con el frío, es una opción muy recomendable, mejor que a pie, por supuesto. Y finalizamos en el palacio Schonbrunn. Primero nos dieron tiempo libre para perdernos en el mercadillo navideño que había en su plaza central, donde degustamos unos churros, unas con chocolate y otras con vino caliente. Te lo ofrecen con una taza por la que pagas 5€ de fianza que te retornan al devolverla. Me parece un sistema genial, para servirlo como toca, en taza de porcelana que lo mantiene mejor calentito y luego evitar que la gente las tire o abandone a doquier. Todo el tiempo me ha parecido una sociedad muy organizada y disciplinada, no hemos visto a nadie excederse y las calles muy limpias. El recorrido por el palacio con nuestra guía nos evitó una cola kilométrica que rodeaba el perímetro del palacio. Ella no es que fuera de las mejores, daba la información justa, creo que más bien por falta del dominio del español que por desconocimiento de datos.
A su término nos empeñamos en comer perritos calientes en la calle y volvimos buscando un puesto callejero para hacerlo. Al final, en la calle Kraben, justo al lado de casa, lo conseguimos. Y tras descansar un ratito y cambiarse de modelito algunas, volvimos a salir para darnos unos bailes en un “Cabaret”, como aquí llaman a los pubs, llamado Fledermaus, que más tarde vimos que nos había recomendado también la IA. La entrada fueron 10€ sin consumición y el portero, un rudo pelirrojo, era innegociable. Ni para ver antes de pagar, nos dejó pasar. Así que no arriesgamos. Había dos salas, una más country y la otra más pop-rock, donde nos quedamos y nos pegamos unos cuantos bailes, con un chupito de melocotón que conseguimos gratuitamente al final, y una coronita que me vino genial para refrescarme cuando ya no me quedaban capas que quitarme, menuda sudada!! jajaja.
Los siguientes días ya no teníamos cita alguna, así que nos tomábamos los inicios del día con tranquilidad, yo hacía mi tabla de yoga y mi meditación, mientras otras dedicaban más tiempo a su desayuno o a acicalarse, jajaja. ¡Somos un grupo para todos los gustos!.
Andando fuimos a todos los lugares, visitamos la Karlsplatz y su iglesia de San Carlos de Borromeo, a la que subimos hasta su azotea y contemplamos las impresionantes vistas.Comimos en el rte Plachutta, uno de los recomendados en pleno corazón de la ciudad, por su plato típico, el Tafelspitz, a base de un puchero de ternera con verduras que te sirven en el propio cazo sobre una plancha para mantener calentito. Primero la sopa y luego sacas la carne y la acompañas de espinacas y puré de patatas que te sirven en sendas cazuelas. Buenísimo y no excesivamente caro para la categoría del restaurante.
Andamos también hasta el Palacio Belvedere, aunque no conseguimos entradas para su galería de arte, paseamos entre el edificio del Sur y del Norte, tras el cual se hallaba otro mercadillo navideño, donde volvimos a dar cuenta de algunos vinos calientes para mi y orange punch para otras, hay para todos lo gustos, alguno dulces típicos y una papas rizadas. Y hacernos las fotos ideales para felicitar el año nuevo en el inmenso 2026 rojo que habían puesto al final del jardín. Hoy tenemos comida reservada en el Rte. Salm Brau, justo al pie de estos palacios, está totalmente recomendado por su típico super Codillo, que te sirven con unos cuchillos de sierra clavados para que te apañes con él, jajaja. Y previamente, ya que llegamos con tiempo de sobra, nos pedimos una tabla de degustación de cervezas austriacas, menos mal que solo hacemos una comida fuerte al día, normalmente sobre las 16h que nos sirve, tras el suculento desayuno casero, de comida y cena, y menos mal que luego lo quemamos con las caminatas, estamos batiendo nuestro récord en pasos diarios, jajaja. Esa noche ellas irían a la ópera a ver Hansel y Gretel, a mi no me gusta la ópera, así que me quedé relajada en casita. Preferi sacarme la entrada para visitar solo el edificio unos días después.
Otro día nos fuimos paseando hasta el ayuntamiento, donde había una pista de hielo y otro mercadillo navideño y atravesamos el parque Rathausplatz y el Parlamento. Pasamos también por el palacio de Sissi y conseguimos entradas mucho más baratas y para año nuevo, así que cancelé la reserva que tenía con civitatis por el doble.
El día de fin de año lo celebran con la legendaria senda de San Silvestre, la Silvesterpfad. Por todas las calles del centro peatonal, se montan escenarios y puestos callejeros. Desde las 14h y hasta las 02h a.m. La música suena, aunque no muy fuerte, desde valses vieneses, hasta salsa y rock, y todo el mundo baila y pasea. ¡Hay un ambientazo!. Nosotras empezamos puntuales a las 14h, pasamos por algunos de ellos y nos dimos los últimos bailes del año, pero fuimos también fieles a nuestras tradiciones y reservamos en un restaurante griego frente a casa, para cenar como la tradición manda ese dia. Este no lo recomiendo porque fue caro y no muy bueno, pedimos un plato de “Seefood” variado para dos y llevaba contadas 3 langostinos, 3 mejillones, algo de calamar y pulpo y muchas patatas y patés. Pero bueno, comimos a buen resguardo para luego darnos un paseo hasta la plaza del ayuntamiento con nuestras uvas en el bolsillo y un par de benjamines, que habíamos adquirido en una pastelería, y ver el castillo de fuegos artificiales, aunque este fue muy breve, alli tambien habia otro escenario montado con música, pero ellos no le dieron demasiada relevancia al toque de las campanadas. Preferimos volvernos al centro y seguir por los escenarios de allí, hasta que a las 02 a.m. en punto se acabó todo y de vuelta a casa justo, descubrimos una discoteca que sorprendentemente nos dejaron entrar sin pagar y donde rematamos la noche vieja a nuestro estilo, bailando!!
El día de Año nuevo nos fuimos hasta el Prater, donde está el parque de atracciones y retransmitir en directo, en una pantalla en su mercadillo navideño, el famoso concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, en la sala dorada del palacio de Musikverein Nosotras iríamos el día 2 a un concierto de Vivaldi, pues para el de año nuevo es muy difícil, tienes que participar en un sorteo que se celebra cada febrero y luego pagar entradas de unos 400€.
También fuimos una noche a un concierto de órgano en la Catedral de San Esteban.
Por la tarde el día de año nuevo hicimos también la visita al Palacio de Sissi y se nos cayó la mítica figura romántica que Hollywood nos vendio de ella. Al parecer fue una emperatriz rebelde, contraria a todo el protocolo y la aristocracia, por lo que no fue muy popular hasta su muerte. Las últimas películas que se han hecho de ella son más fieles a su biografía real. Una de ellas nos la vimos al regresar al apartamento, pues yo me había llevado mi tablet y un altavoz, así que rematamos con sesión de cine.
Nuestro ultimo dia en Viena lo dedicamos al Danubio, primero en un paseo en barco por uno de sus canales y luego nos fuimos andando hasta el mismo, para premiarnos con una sopa calentita de cebolla con bacon frito que nos templo el cuerpo y luego un Gulasch y todo por unos 20€ c/u, Rte. Donaubeisl, tenía muy buenas reseñas pero la zona ya era un barrio alejado del centro y eso se nota. Para rematar el día, concierto de las cuatro estaciones de Vivaldi en el Musikverein.
En conclusion Viena es la ciudad de la musica y la belleza arquitectonica por excelencia. La ciudad está llena de calesas, aunque no cogimos ninguna, la dejamos para nuestro próximo viaje romántico en pareja. Al igual que la cena de gala de NV y el concierto de Año Nuevo en la sala dorada del Musikverein, jajaja. Habrá que volver a Viena !! jajaja.














Comentarios