libertyenvozalta

harta de ser politicamente correcta toda mi puñetera vida, ahora voy a gritar, voy a chillar, voy a decir y ser como soy, si tu me quieres leer genial, sino, me da igual.............

lunes, enero 13, 2020

REENCUENTRO CON PANICO


Causalmente invitan a mi buena amiga Pura a navegar el fin de semana y ella me llama para que la acompañe, cuando me incluyen en el grupo de WhatsApp veo que ya figuran en mi agenda, y gracias a este blog localizo la travesía que ya había realizado con este grupo, un grupo de la Taberna del Puerto que navega principalmente en invierno. ¡¡Ni más ni menos que en noviembre del 2006!! ¡¡Hace 13 años!! Así que ni corta ni perezosa me puse a preparar mi petate de navegación, las 3 capas, hace mucho frio en el mar en enero, botas de agua, chaleco, saco de dormir…y cómo no, mi sextante, que siempre me acompaña ahora en mis navegaciones.
El parte meteorológico para el viernes era muy malo, en cuanto a viento y agua, sobre todo por la noche, por lo que el sábado todavía quedaría ola y aunque el viento habría bajado ya bastante, seguiría de NE y el domingo seguiría siendo de la misma dirección, pero ya muy flojo.
Así que el mismo viernes llegamos a Denia, para unirnos al resto del grupo que cenaban en el Bus, en todo el centro de Denia, donde antes se cogían los autobuses ahora es una plaza con jardín. Recomendable totalmente este restaurante de cosas del mar frescas y a muy buen precio.
De allí al barco, a descargar nuestras cosas y tomar posesión de nuestros camarotes. Un Sun Odyssey 44.9 del 2016 super amplio, con 4 camarotes y 2 baños, llamado Sol y Luna. Precioso nombre, este fin de semana esperábamos tener ambas cosas, una tremenda luna llena y el sol que siempre llega después del temporal.

El sábado sin prisas zarpamos de la marina de Denia. Todavía muchas nubes invadían el cielo. El parte se cumplía rigurosamente, NE F6, pero como nuestro rumbo era al Sur, nos entraba por la aleta. Sacamos Mayor y Génova y navegamos rumbo al Cabo de la Nao, un bordo hacia el mar para retirarnos del Cabo de San Antonio y otro hacia tierra hacia Cap Negre, trasluchada a trasluchada, cogí el timón para sentir el barco y negociar las olas que algunas eran realmente potentes e intentaban girarnos completamente. Antes del Cabo de Moraira decidimos hacer un fondeo para comer, justo antes de cala Granadella, pegados a la pared que nos daba resguardo total del Norte, tras la isla del Descubridor latitud 38º43,83’N, Longitud 0º12,698’E. Llegamos
primero nosotros y luego el otro barco, ya que navegábamos dos, otro Sun Odyseey 44 del 2019 que llegó algo después y se abarloo a nosotros. No es que me guste mucho esta maniobra, por el peligro que se corre de que se enganchen las crucetas, pero iba a ser poco rato y estaríamos pendientes, de hecho, se quedaron un poco mas atrás y así sus crucetas estaban más retrasadas que las nuestras.
Por fin Lorenzo dominó el cielo y comimos en la bañera al solete, unos buenísimos espaguetis con setas que cocino Rafa, el cocinitas al parecer del grupo. Una gran ensalada y un poco de jamón con vino tinto.
Después de lo cual fue irremediable una pequeña siesta, a la que cada uno se rindió en
un rincón distinto, algunos por cubierta, otros en la bañera, otros en los camarotes. Yo cogí mi sextante y aproveché para practicar bajar el sol y luego con mis auriculares inalámbricos me hice una meditación que me relajo hasta acabar también en los brazos de Morfeo. Aquella noche no había dormido mucho, el fuerte viento había hecho gritar a las amarras como si de un crio llorando se tratara y nuestro camarote de popa estuvo invadido de dicha cantinela toda la noche.
Tras tan dulce momento de impas, se soltaron nuestros vecinos y nosotros subimos el ancla, arrancamos motor y pusimos ya rumbo a Moraira, donde estaba previsto pasar la noche, 3 millas escasas que no justificaban ni sacar de nuevo las velas. Arribamos justo con el sunset, por
primera vez nos dieron amarre en un pantalán que no era el de transeúntes, pero también de través, por lo que la maniobra ayudados por el marinero, no tuvo mayor complicación. Y en cuanto la terminamos nos fuimos hacia las duchas para vestirnos de calle y salir a cenar por el pueblo.
Mientras algunos iban a comprar un par de cosas que se habían olvidado, nosotras descubrimos un pub “Floridita” dónde nos dijeron que había música en directo esa noche, así que después de cenar era la apuesta segura. Y estuvo realmente brutal, la energía positiva que se captaba en un pub lleno de gente feliz, que viven relajados porque han hecho de Moraira su elección para vivir su retiro del mundo laboral y cuando se es feliz se rezuma felicidad y es lo que trasladas y transmites. El grupo de música también era muy variopinto y peculiar y sonaba francamente bien.
El domingo amaneció completamente raso y nos sorprendió con algo más de brisa de lo que esperábamos por lo que pudimos volver navegando también a vela, en esta ocasión ciñendo y haciendo viradas, ya que la dirección seguía siendo de NE. En un match race con el Corcho XIII, recorrimos las millas hasta Denia, sacrificando incluso el fondeo previsto en cala Pope para comernos el arroz con clochinas que tenia medio preparado Rafa. Pero habíamos venido a navegar más que a comer, así que todos estuvimos conformes y disfrutamos del timón, que hoy nos turnamos entre Rafa, Gaby y yo. Mantener las lanitas horizontales ya era mucho más fácil, con el mar mucho más plano y sin a penas olas. Aún así, como todos los barcos, el Sol y Luna tiene un bordo mejor que otro, y cambiaba mucho nuestra velocidad cuando íbamos amurados a Br en lugar de a Er. Hoy sería por tanto el otro, quien arribaría antes, buscaba la revancha y la consiguió, ¡no se puede ganar siempre! ….jajaja
El premio sería el arrocito caldoso con mejillones que había preparado nuestro patrón.
Terminaba así un finde de navegación y compartir, compartir momentos, de esos que vamos llenando nuestras maletas de la vida.

viernes, diciembre 27, 2019

NAVEGACION POR LA SORORIDAD



El término sororidad se refiere a la hermandad entre mujeres con respecto a las cuestiones sociales de género. Sororidad es un término derivado del latín soror que significa hermana. Es un neologismo empleado para hacer mención a la solidaridad que existe entre mujeres, especialmente, en las sociedades patriarcales.
Y así acuñamos el pequeño grupo que forme con mis más intimas amigas, las primeras que estuvieron ahí cuando me caí, cuando hay que comerse la sal porque no todo es azúcar. Y sabedoras de mi gran pasión, intentamos inaugurar el grupo con una navegación. Hacia 1 año de ello y no habíamos conseguido materializarla, por problemas de agendas de unas y otras, así que ya tocaba, era final de verano o principio de otoño, octubre, los días empezaban a acortar pero la temperatura todavía era bastante buena.
La travesía sería en el Pangea, así que la previsión de F6/7 incluso F8, no preocupaba a sus
armadores, sabedores que el barco pesa bastante y necesita viento para ir alegre. Así que  quedamos a mediodía de un viernes, para estibar la compra y zarpar lo antes posible, rumbo a Cullera. Jane había preparado unos sándwiches vegetales y como es bastante estable y su escora a penas se aprecia, fuimos comiendo en cuanto salimos de la bocana del RCNV. Unas 18 millas y 3h de navegación, pusimos velas, primero Mayor y luego Génova, aunque esta última cuando nos dimos cuenta se había soltado la driza y cayo, por lo que rápidamente la recogimos y sacamos Trinqueta. El
barco tiene una cubierta enorme, es un 50 pies muy bien diseñado por su armador, un prototipo para dar la vuelta al mundo cómodamente. El viento era de poniente, por lo que íbamos amurados a Er entre un descuartelar y un través, rumbos idóneos para el Pangea, la velocidad era buena y solo cuando empezó a caer el sol, y estábamos ya próximos al rio de Cullera, arrancamos motor y recogimos velas. La larga entrada del rio siempre me impresiona, los pescadores a ambas orillas parecen  que te saludan con sus cañas. El club es pequeño y con pobres instalaciones, pero son muy amables y además el agua dulce del rio, siempre viene muy bien a las obras vivas de los barcos.
Detrás de nosotros entraba también el Tejula, había regata al día siguiente. Los tonos rosados de la puesta de sol me permitieron hacerle unas fotos espectaculares.
La travesía había sido placentera, ya con las primeras conversaciones o tertulias que se sucederían durante todo el fin de semana. Es lo que tiene juntarte con gente inteligente y con criterio. Así que al llegar y arranchar un poco, unos se fueron a las duchas, Jane se puso a cocinar un puchero para la cena, y otros leímos en cubierta. La cena estuvo buenísima pero demasiado pesada,
¡¡hubiéramos necesitado un buen baile posterior para rebajarla!! Después de ella, sorprendimos a Jane con un regalito de cumpleaños, ya que no estaría aquí en Diciembre, pues viajaría a su tierra, Kenia,  a ver a su familia. Era con tanta antelación que no lo esperaba para nada.
Toda la noche tuve pesadillas de la pesadez. Con las primeras luces del día desperté, tras  varias meditaciones para intentar relajarme y volverme a dormir y no conseguirlo, salí a cubierta para intentar hacer mi tabla de yoga, pero ya había subido Ximo y nos pusimos a preparar para subir al palo y pillar la driza del Génova. Después de solucionar varias cosillas, de esas
que nunca se acaban a bordo, soltamos amarras rumbo a Denia. La idea inicial era Gandía, pero yo propuse al patrón cambiarlo por Denia, esperando que allí pudiéramos tener más opciones para bajar a tierra y porque además el puerto de Gandía tiene una entrada pequeña que con la previsión de fuerte viento y la manga del Pangea, podía hacernos complicada la maniobra de entrada y salida.
Hoy el viento sigue de W/WS, pero sobre 24 nudos, genial para el
Pangea, que marca alegre el camino con su proa. El día es fantástico de sol, vamos en tirantes, haciendo banda y comiendo o picoteando todo el día. Las conversaciones de mar y de vida se suceden, siempre navegando es más fácil conversar con más profundidad, ¿será que las emociones están más a flor de piel? ¿O que nuestras máscaras se quedan en el pantalán y somo quienes somos de verdad? De todas formas el grupo era pequeño e íntimo, todos nos conocemos bien, y sabemos de nuestras afinidades, aún así no falta la disparidad de criterios en algunos temas que hacen que siempre sea animada la conversación.

De nuevo con la caída del sol, cayo y empezó a rolar el viento, por lo que, para no empezar a dar bordos, arriamos y pusimos motor. Entramos enDenia con las ultimas luces del día. Ya soplaba bastante, así que el atraque lo hicimos de proa, por lo que bajar al pantalán, con la altura del Pangea, era solo para agiles saltarines prácticamente de circo, como es su capitán. El resto, decidimos quedarnos a bordo.
Teníamos provisiones de sobra, y la compañía no requería de necesitar buscar nada más, así que esa fue la opción elegida. Además, esta noche la sorpresa cumpleañera fue para Pura. A ambas le regalamos nuestra pulsera de plata del grupo con la palabra SORORIDAD y les hice una tarta de queso y arándanos y queso y limón.
Los caballeros fueron los primeros en retirarse a sus camarotes y nosotras nos quedamos de tertulia femenina hasta más tarde.

El domingo amaneció gris y con fuerte viento, según lo previsto. La travesía de vuelta la hicimos super rápida. El barco apoyado y levemente escorado, navegaba con hasta 43 nudos que vi en el Tridata, como si nada. A unos 6 o 7 de velocidad, solo con Mayor con 2 rizos, ¡¡ el tercero me dijo el armador que solo se lo había puesto un día de 60

nudos!! Yo flipo. Es la primera vez que navego con F8 sin tragarme olas, ni tener sensación de
marrón. Hacia frio, pero nos pusimos nuestros trajes de agua, algunos más que otros, y el único problema era no mojarse demasiado por la lluvia que no ceso en todo el día. Además también puedes bajar al living que no te mareas, porque está por encima de la línea de flotación y tienes además visibilidad plena con  todos los ojos de buey que le rodean.
Hice con la ayuda de Manuel unas pizzas para calentar los cuerpos y entre picoteo y picoteo llegamos a Valencia. Siempre digo que cuando termina una travesía y nadie se quiere ir, o no ve el momento de despedirse, esa , esa es la señal inequívoca de que todo ha ido bien, nadie ha estado incomodo y este era el caso, después del mercido baldeo al barco, aún
fuimos a las duchas, nos cambiamos y nos quedamos a cenar para apurar las provisiones y poner el remate final con unos bailes de Bachata.
Gracias Leles, Jane y Pura, y por supuesto a Manuel y Ximo, grandes compañeros, que me han dado siempre su apoyo y hombro en los momentos que más necesitaba la Sororidad.

jueves, diciembre 12, 2019

DE ROSES A CAP BEGUR


De nuevo estaba preparando mi petate y consultando la meteo, para escaparme de la jungla de cristal y asfalto y hacerme a la mar durante unos días, me había pedido un día libre y junto con el viernes festivo que tenía la semana, juntaría 4 días festivos para navegar, ya que viajaría el mismo miércoles tarde, para dormir ya a bordo del Montjoi, un Dufour 38.5 de mi amigo Rafa. Esos eran mis planes, hasta que la meteorología nos hizo cambiarlos, el temporal F8/9 de viento y lluvia nos aconsejaba que pasáramos el jueves amarraditos, oyendo como rugía Eolo entre la jarcia, es tan agradable cuando te despiertas por ello y sabes que estas bien amarradito en puerto, oír llover bajo las mantas en un calentito camarote tiene mucho encanto para los que somos de mar, seguramente porque sabes de la que te estás librando y lo diferente que sería si estuvieras ahí fuera echando un pulso a la naturaleza.
Así que nos levantamos sin prisas, en esta ocasión no conocía el plan de navegación,
era mi segunda vez a bordo y confiaba plenamente en el capi, sabía que lo tendría todo pensado, gran conocedor de su costa Brava…iríamos a visitar el Cap de Creus por tierra y a comer en un pintoresco restaurante que hay arriba junto al Faro, y que en el pasado fue la vivienda del farero. En mi viaje anterior recorrimos con el velero el Cabo, ahora lo haríamos por tierra y también valió muchísimo la pena, toda la carretera de curvas por su parque natural, con vistas a cuál más impresionantes en cada una de
ellas. Y además las lluvias de los últimos días, habían formado pequeños lagos entre sus parajes, que te permitían hacer fotos totalmente exclusivas. Sus formaciones rocosas volvieron a despertar mi imaginación, al igual que lo hicieron por mar. Una excursión totalmente recomendable, así como el colofón de la comida allí arriba, al parecer es famoso por un arroz a la cazuela que hacen, pero ese día no había, así que cayo un hermoso Rodaballo con un vino natural riquísimo.
Por la tarde fuimos a hacer la compra a un supermercado próximo al barco, esa noche ya cenaríamos a bordo, empezando a hacer hogar náutico en el Montjoi, cocinamos un pulpo recién
adquirido y unas tellinas, con un fresquito vino blanco. Luego unos pasos de baile entre tertulia y tertulia, para rebajarlo todo.
Me encanta este capitán, porque además de ser un friqui de la navegación astronómica como yo, le gusta y sabe bailar, por lo que cada vez que navego con él, es como hacerme un curso intensivo de ambas materias que me apasionan, ¿será que Dios los cría y ellos se juntan?  dice el refrán… jajaja
Al día siguiente, viernes 6, por fin podemos zarpar, son las 10:15HRB cuando lo hacemos, relativamente pronto, somos el único velero que se mueve en el puerto de Roses, que despierta tímidamente de varios días de temporal. El cielo aún aparece algo nublado, pero con visos de que Lorenzo ira ganando potencia conforme avance el día. Hay una leve brisa de NW, nada que ver con la “Llevantada” (como llaman aquí a los fuertes vientos del Este) que han soplado los últimos días. A Er divisamos la cima del Cánigo, un monte de unos 3000m, perteneciente a la cordillera Pirinaica y que ahora pertenece a Francia, me explica el armador. Me impresiona ver la nieve tan cerca del mar, creo que es la primera vez para esta naveganta de “la ruta de la mantequilla” …jajaja
En cuanto salimos de la bocana, izamos velas, primero Mayor y luego Génova, aunque
no hay potencia suficiente para prescindir del motor, así que a la mediterránea. Hoy queremos hacer el máximo de millas para bajar hacia el Sur y luego los próximos 2 días ir regresando hacia el Norte, aprovechando el role que se prevé de Sur.
Nuestra proa enfila a las islas Medas cruzando la gran bahía de Roses. En cuanto terminamos con el trimado, saca el capitán el Sextante para empezar a hacer pruebas y bajar el sol. Se ha convertido en todo un experto con su reciente participación en una regata astronómica donde jugó el papel de navegante y durante una semana se hartó de hacer cálculos astronómicos. A mi me cuesta al principio, hacia 2 meses que no tocaba el sextante y es increíble como pierdes tus habilidades, pero mi actitud es buena, estoy empeñada en coger destreza y lo intento una y otra vez, hasta que lo consigo. Calculamos la hora a la que tenemos que tomar la meridiana, es decir, la hora que será el mediodía y que el sol alcanzará su altura máxima y empezará a bajar, nos falta algo más de 1h, así que damos unos -20 grados al piloto, haciendo que el Montjoi caiga y ponga rumbo más hacia alta mar, para que las islas Medas, que ahora vemos más a Er, no nos impidan tener horizonte para bajar el Sol.
Mientras esperamos, preparo el ángelus, es algo que no perdono en mis travesías, (dos coronitas, hummus y rosquilletas) y quien ha navegado conmigo puede dar fe de ello, ¡es un término que creo que voy a acuñar en el vocabulario náutico! Jajaja.
Bajamos hasta Cala Aiguafreda, donde hay un gran edificio de hormigón y cristal construido en el mismo acantilado, al parecer nació como hotel Cap Sa Sal, pero acabó vendiéndose como apartamentos. Es horrorosa la invasión arquitectónica, pero reconozco que cualquiera de sus propietarios tendrá unas vistas alucinantes. Asomamos con la proa a Cala Sa Tuna, una pintoresca cala de casitas blancas, reparo en una pareja de abuelitos sentados y tomando el sol en medio de un “camino de ronda “que va bordeando el acantilado. Pero no nos quedamos en ella porque entra todavía mucha ola, del mar de fondo que queda de la levantada, así que el capi propone seguir un poco más al Sur para fondear y comer, lo hacemos finalmente en otra cala llamada “D’Els Pins”, (41º56,48’N 3º13,10E) está más
deshabitada, de arena oscura, los pinos llegan casi al agua, solo un gran caserón que parece abandonado en su lado de Babor. El fondeo no es muy bueno, porque también aquí nos balancea la ola y con el borneo a veces nos quedamos totalmente atravesados a ella, lo que hizo derramar el vino de la comida y no alargar la sobremesa, pero me gusta la tranquilidad y sentirte una vez más privilegiado de estar allí sin nadie más, ¡como integrante de una hermosa postal!
Nos quedan poco más de 4 millas al Estartit, puerto que hemos elegido para pasar la noche. Rumbo 345º, el sunset nos acompaña por la banda de Babor, el poquito viento que había durante el día ya ha caído y vamos solo con la Mayor y el motor. Llegamos justo con el ocaso, para darnos tiempo a realizar la maniobra del atraque y cuando terminamos de preparar un adaptador para la toma de luz ya se ha hecho completamente de noche. Parece que no hay mucha vida en este pueblo turístico, así que sin cambiarnos ni nada, nos vamos a dar un paseo y tomarnos unas birras, buena costumbre también después de todo atraque, aunque la dificultad del de hoy, fue únicamente mantener el barco firme para que no se atravesara al solitario pantalán, mientras hacíamos firmes las amarras y ajustábamos los muertos. Vista la escasa animación en la población, decidimos volvernos para regalarnos unas duchas calentitas en el náutico y cenar a bordo, improvisamos un par de platos de embutido ibérico y queso, bañado con vino tinto y con mis sueños de navegar por el mundo.
Me entusiasmo tanto hablando de ello, que por un momento parece que voy a contagiar al capitán y va a unirse a ellos, pero al final los dejamos flotando en el ambiente y nos dedicamos en cuerpo y alma ¡a una nueva clase de Bachata! …. jajajaja

 Al día siguiente, sábado, tampoco madrugamos demasiado, el plan de navegación es
también de pocas millas, ya que hay prevista calma chicha para todo el día. Así que lo primero que hacemos es zarpar e irnos a pillar una boya en las islas Medas, que están frente al puerto para desayunar allí. Lorenzo hoy brilla más fuerte al no tener que rivalizar con Eolo, así que tengo que aligerar mis capas de abrigo. Quiero llevarme el paisaje en mil fotos, aunque se que la que más valdrá será la que grave en mi retina. También suspiro profundamente para intentar hinchar mis pulmones de
aire limpio del mar y mi alma de paz, la que te da un fondeo así, en un parque natural, sin edificaciones, con las gaviotas como únicos habitantes, y nuevamente solos, sin mas embarcación alrededor. Bueno, al ratito llega una pequeña motora de pescadores, momento justo en el que decidimos soltar la boya y seguir rumbo hacia el Norte, a estas alturas ya estamos bastante compenetrados, así que el capi se va a proa, le gusta controlar la maniobra allí y que todo quede hecho y deshecho a su manera, y a mi me cede el timón del Montjoi, no sabe que es lo mejor que puede hacer, ¡soy la mujer más feliz, pegada a un timón! jajaja
Vamos recorriendo la costa, con motor y mayor nada más, bastante pegaditos a
tierra,para poder descubrir cada recoveco y cuevecita del acantilado. El color del agua va cambiando según las profundidades y de vez en cuando nos cruzamos con manojos de sargazos, ramas e incluso troncos, son todavía vestigios del temporal pasado.
Cap de la Barra, Cap del Castell, Punta de Milá, hasta llegar a Cala  Montgó, donde fondeamos para pasar el resto del día y la noche(42º6,492’N3º10,638’E). Es redonda por lo que quedamos protegidos de todos los vientos excepto del E donde tiene su abertura, pero la previsión es que siga la calma chicha, así que me parece genial el lugar. Hay muy poca edificación y bastante deshabitada, un pequeño grupo pescando en la pequeña playa y un valiente que nos sorprende durante la comida nadando de extremo a extremo de la cala, debe ser un super atleta de esos que tanto abundan hoy en día, preparando algún triatlón, pienso. Hoy preparamos unas calentitas lentejas con chorizo que nos tomamos al solete en la bañera, la ladera llena de altos pinos de Babor pronto se lo traga y nos invade la sombra, así que tengo que tirar de manta para hacerme una meditación mientras el capi elige su camarote para hacer una minisiesta.
Mientras comíamos llegó un pequeño velerito de unos 23 pies, pero estuvieron un pequeño rato y se fueron, era una pareja con dos niñas.
Me entro ya al living para protegerme de la humedad que empieza a hacer estragos en la bañera. Hoy dedicaremos la tarde a hacer los cálculos astronómicos con las medidas que tomamos ayer al bajar el sol y comprobaremos con la posición GPS que hábilmente grave de aquel momento del Navionics. El capi hábilmente ha confeccionado unas hojas para toma de datos y otra con todos los parámetros necesarios para hacer los cálculos, estilo tipeo y con espacio a la derecha para pintar finalmente las rectas de altura que serán las que nos lleven finalmente a nuestra posición. Los hacemos entre los dos, aunque realmente el lleva la voz cantante, primero porque el que la lleva la entiende, y él es quien ha confeccionado las hojas y sabe como van, y además como decía al principio de este relato, lo tiene todo super fresco y practicado en la reciente regata a Canarias que hizo. Así que le sigo y para mí, ya es satisfactorio ir recordando paso a paso, como el que va andando por una senda ya recorrida. Dicen que la astronomía realmente necesitas más de 1 año para comprenderla, para realmente entender todo lo que haces y verlo, no solo memorizarlo y creerlo sin más. A mi me apasiona y lamento no tener más tiempo para practicarla más a menudo. Los cálculos nos llevan a una posición unas millas desviadas de la real en cuanto en Longitud, pero clavamos la latitud, que dicen que es más difícil, así que nos damos por contentos y seguimos la tarde poniéndonos una película de Movistar+, aunque no acertamos mucho con la selección, ciertamente, no recuerdo ni el título, para No recomendárosla, jajaja.
Como hoy estamos fondeados, tenemos que arrancar de vez en cuando el motor para cargar baterías y en una de esas que salimos, vemos que ha llegado otro velero, no dormiremos solos. El frio empieza a notarse dentro también, así que saco unos sobrecitos que he traído y que nunca había antes probado. Los compre en Decathlon, en la sección de montaña. Son como sobres de infusiones para meter en las zapatillas y en los bolsillos y al agitarlo desprenden calor. Los compré pensando en las frías guardias de las travesías de invierno, pero no había llegado a probarlo y realmente funcionan. Totalmente recomendables, no sé que sustancia llevan dentro, pero cuando leemos las instrucciones flipamos, porque dice que puede llegar a alcanzar los 50º si está en contacto con el aire. Así que ya no paso frio, pues teniendo los pies y las manos calientes, estás toda tu calentita. Totalmente recomendable, en serio.
A la mañana siguiente, cuando salgo a la bañera, veo que llega otro velerito, pero se nota que acaban de salir, vienen abrigados, pero con ganas de pasar el día. Sin embargo, el que llegó anoche, aún no han amanecido, estos si que tenían pinta de venir de navegar, quizás de Menorca, quizás de Córcega, quizás de más lejos…el caso es que siguen durmiendo. Cojo los prismáticos para ver que barco es, me resulta familiar pero no lo reconozco y es un Allures 39.9, muy buen barco para navegar por el mundo, casco de aluminio y quilla abatible, sus 3,40 de calado se quedan 1 m cuando la subes, y no es un sistema hidráulico sino uno manual.  Nosotros hemos subido el hierro y paso despacito al lado de ellos mientras enfilo la salida de la cala.
La previsión se cumple a rajatabla, ya se ha posicionado el viento en cuanto a
dirección, N/NW, y poquísima intensidad, así que seguimos recorriendo la costa con motor y Mayor, bordeando toda la bahía de Roses mientras el capi me va relatando de los lugares y pueblos que la salpican. Hoy la sensación térmica es más gélida, hay algo de nubes y el sol no brilla en todo su esplendor. De nuevo divisamos el Cánigo con sus cumbres nevadas, es preciosa la foto, aunque hoy hay nubes bajas que hacen que se confunda en las fotografías.
Huele a final, a pesar de que mi tren sale tarde, ya vamos rumbo a la bocana de Roses. Hay calma chicha y pienso en pedirle el timón del Montjoi para hacer la maniobra de atraque, pues ahora que no soy ya armadora tengo que practicar para no perder mi habilidad, pero al final me resisto, sé que el capi es tan celoso de sus cosas que quizás me diga que no y no me guste, así que no me arriesgo y opto por tener paciencia y dejarlo para una próxima singladura, que espero vuelva a brindarme.
Para levantar el ánimo, nos regalamos un arroz con bogavante en el restaurante del náutico y con ello ponemos fin a un largo fin de semana de mar y tierra.