libertyenvozalta

harta de ser politicamente correcta toda mi puñetera vida, ahora voy a gritar, voy a chillar, voy a decir y ser como soy, si tu me quieres leer genial, sino, me da igual.............

martes, julio 04, 2017

AGOSTEANDO DEL MEDUSA A IBIZA



Un gran festival, el Medusa, en Cullera, llevó al Libertyenlamar a pasar allí, en su río, 3 días y 3 noches, para servir de cobijo a mi hijo y 6 amigos más. Con música pun pun pan pan todo el día y toda la noche, nos hizo acabar reservando nosotros una habitación en el Hotel Sicania y dejarlos desparramados a bordo. Mi intención es que vinieran navegando, pero solo dos chicas se brindaron al bautizo, que lamentablemente fue a la mediterránea, con el viento del Garbi en el morro y, ni siquiera quisieron salir un día a fondear y darse un baño, demasiada resaca!, así que una y no más santo Tomás, dije a mi peque…..
A su término, y después de la estampida, acogimos a bordo a mi querida amiga Pura, que venía a despejarse de una larga y dura temporada como cuidadora de su madre en el hospital, para poner rumbo una vez más a Ibiza.
Eran las 19h p.m. HRB cuando nos despedimos del marinero, siguiendo fielmente sus indicaciones para salir del abarloamiento. A la desembocadura del rio, ya en la misma bocana, vimos cómo nos recibía un bravo Mediterráneo con bastante ola que nos obligaba, por mucho que negociáramos, a ir a pantocazo limpio. Con lo que ello hace sufrir a todos los barcos y en especial al Libertyenlamar, que es hipersensible a ellos. El viento solo me permitió sacar un poco de Génova y pronto tuvimos que guardarla hasta ver si al pasar el cabo de la Nao se establecía mejor y nos daba un buen ángulo. Acababa de anochecer y terminábamos de cenar, cuando Fernando se bajó a descansar un rato al living y yo tras de él a la mesa de cartas, a tomar religiosamente mi posición, lo que me gusta hacer en toda travesía cada hora más o menos. De repente él se dio cuenta de que salía agua por debajo de la puerta de nuestro camarote de proa. Levantamos rápidamente sentinas y vimos que las llevábamos todas a tope! Había que darse la vuelta, estaba claro que teníamos una vía de agua, pero ¿Dónde?. Miré en la carta y vi que el puerto más cercano era Gandía a 15 millas, unas 2 o 3 horas. Cogí la radio y di un PAN PAN para avisar a Salvamento Marítimo de nuestra posición y lo que nos ocurría. En breve nos llamó Cabo de la Nao para preguntarnos y hacernos seguimiento. Salí rápidamente fuera, vire en redondo, saque Génova,  ahora corríamos a favor con el viento y las olas, así que hacíamos puntas de 10 nudos con el motor y el Génova y las olas empujándonos por popa, había que correr todo lo posible, sobretodo mientras no descubriera Fernando por donde nos entraba. El seguía abajo con Ruben, achicando a cubazos, y
con la bomba eléctrica en marcha y no daban abasto. Revisó todos los grifos de fondo, pero nada, todo estaba correcto, y finalmente lo descubrió, la anilla de la corredera se había salido y seguramente un pantocazo saco fuera de su sitio a la corredera!! Así que imaginaros el agujero que supone no tener la corredera puesta!!!. Aun así, nos alegró que fuera eso y no una rotura en el casco por algún golpe con cualquier objeto durante un pantocazo, que era lo que más temíamos.

Cuando estábamos a unas 5 millas de CN de Gandía, les llamamos por radio para pedirles un amarre, pasaba media hora de la media noche cuando terminamos de atracar. Esperaban nuestra llamada, seguramente les había advertido Salvamento Marítimo, que estuvo llamándonos cada media hora, y nos ofrecieron el trávelin si era necesario, pero dijimos que no, que ya estaba localizada la vía y no había problema. Tengo que decir que tanto mi amiga Pura, fuera conmigo, navegando, como mi hijo dentro, achicando con Fernando, no se pusieron nerviosos ni histéricos, y todos formamos un equipo consensuado y efectivo que hizo que las cosas discurrieran sin miedos ni nervios, sino con tesón y eficacia, como debe ser en los momentos difíciles. Me siento muy orgullosa de ellos.
Comimos un poco y nos acostamos, a la mañana siguiente, a pesar de los nubarrones, sacamos todo fuera a secar, colchones y tablas de proa, sabanas, trajes, sacos, etc. El vecino amablemente nos dejó un taladrador para ponerle un pasador nuevo a la corredera. Dimos un paseo hasta la tienda náutica que hay a orilla del rio para comprar sicaflex y convencí a Fernando para que siguiéramos con nuestros planes y no aguáramos nuestras vacaciones, de Ruben, Pura y mías…..así que a las 20h, con el sunset, decíamos nuevamente adiós a la península y poníamos rumbo a Ibiza.
Haríamos las guardias entre Fernando y yo, con los edredones en la bañera, Génova y motor a unos 7 y 8 nudos, lo que nos hizo llegar 1 h antes de lo habitual y fondear aún de noche, lo que me puso algo nerviosa, ya que el fondeo estaba muy concurrido y no veía algunos barcos que no tenían luz de señalización puesta. Hubiera preferido bajar la velocidad y llegar al alba, como habíamos previsto. Fuimos a playas de Comte N, detrás de Conejera, un fondeo ya habitual, así que lo conocemos bastante bien, aun así de noche siempre hay que ser muy precavidos y en el veril de 3m echamos el ancla, aunque tuvimos que rectificar para alejarnos del catamarán que teníamos detrás, cuando salimos al cabo de las 2h de siestecilla que me eché, ya que habíamos quedado demasiado cerca y el borneo de ambos no era el mismo.
El agua turquesa nos invitó rápidamente a un baño y premié a la tripulación con un súper desayuno
de huevos y beicon, algo ya habitual después de una travesía nocturna. Ese día veríamos un espectacular Sunset entre las islas hormigas y luego salir una espectacular y casi luna llena. Era al día siguiente y la previsión era de Sur, Benirrás sería un buen fondeo y con los tambores de los hippies…pero tuve que desistir porque Fdo pensaba que estaría abarrotada siendo agosto. Teníamos boya reservada en Salinas, pero soplando Sur íbamos a estar incómodos, así que la dejamos perder, cruzamos los Freus y nos fuimos a Es Pujols, en la cara Este de Formentera. Él quería ir hasta la Mola, pero era tarde y suponía 1h más de navegación, así que nos quedamos al final de Pujols, junto al acantilado. Intentamos bucear pero no había donde amarrar la dingui en la pared de roca, y además nos dimos cuenta que las aguas turquesas estaban infestadas de pequeñas y asesinas medusas moraditas. Quizás por el agua más caliente al estar en el rinconcito. Así que el baño en pellejillo de la mañana fue rápido en popa y con vigía.
Lamentablemente cuando Pura salió a darse el suyo, resbaló, cayéndose entre la mesa y uno de los cofres, con la mala suerte de poner mal el brazo izquierdo para sujetarse y lastimárselo. Todo ello nos hizo levantar el fondeo y poner rumbo al puerto de la Sabina para repostar y llevarla al médico. Ello nos llevó 2h, tierra estaba asquerosamente abarrotada de gente. No había taxis disponibles, y había gente por doquier. Después de un buen rato en una mini consulta particular, de lo que no estaba muy claro si era un médico o un ginecólogo, porque todo lo arreglaba con una ecografía….salimos zumbando hacia el barco para poner rumbo a Espalmador, donde, esta vez sí, teníamos boya reservada a las 15h, justo para comernos una ensalada de legumbres que había hecho Fernando mientras nos esperaba.
Después de la merecida siestecita en mi hamaca bajo la botavara, bajamos a tierra a dar un paseo. Ya
no es lo que era Espalmador, seguramente porque ya hay mucha posidonia, sus aguas se han tornado verdes y su orilla estaba sucísima, por la masificación turística. Cualquier cala tiene mejor agua hoy en día.
Por la noche poníamos sesión de cine en el ordenador y sobre las 12p.m. a la cama, pero por la mañana no había manera de hacerlos madrugar, así que nuevamente nos dieron casi las 11 a.m. cuando soltamos la boya y pusimos rumbo a Cala Tarida, para pasar nuestro último día. Había bastante mar cuando llegamos, pero poco a poco, fue bajando, hasta quedarse plano, lo que facilitó mucho la maniobra para que bajara Pura a la dingui y poder ir a tierra a cenar. Era nuestra última noche y nos regalaríamos una cenita, ya que al final cruzaríamos de día, pues esa noche se esperaba temporal de F7 en Menorca y había mucho mar y viento.
Efectivamente al día siguiente, a penas tuvimos viento, pero había una ola tendida del Norte, que hizo que Ruben no soltara el timón para negociar las olas durante toda la travesía. Eso, si, ¡sin camiseta!!! Grrrrr……jajajajaja

domingo, julio 02, 2017

El 49 ANTES DEL 50 ! O LA RUTA DE LOS BEACH CLUB DE LAS PITIUSAS!



Si me despisto lo publico después del 50.......bueno, ahi va, para quien me quiera leer y quien no....me da igual!!!
Como siempre, los imprevistos de última hora nos retrasan el zarpe. Este año más que merecido, con la bienvenida a este mundo de Macarena, la nieta de Fernando.
Tuvimos que hacer la compra y prepararlo todo en el último día, tras regresar de Madrid. La otra pareja de tripulantes, tampoco iban sobrados con las obligaciones laborales. Decidimos relajarnos y no agobiarnos y, tras brindar el sunset con una botellita de cava a bordo, junto con nuestros vecinos de pantalán, “El Pangea”, que además contribuirían a la travesía aportando su dingy y su motor auxiliar, tras la pérdida el año anterior de nuestra recién estrenada dingy.
Así que entre unas cosas y otras, soltábamos amarras a las 22:30 HRB del 8 de julio. Teníamos viento flojo y pequeña mar rizada del E, por lo que decidimos no sacar velas inicialmente. Pronto la tripulación masculina decidió irse a dormir y nos quedamos las dos féminas haciendo la primera guardia, seguras que la conversación para ponernos al día, después de tantos meses sin  vernos, nos daría para varias horas sin problemas. Y así fue, hasta las 05:00 a.m. que los llamamos, ya rendidas y decidimos rendirnos nosotras a Morfeo.
El viento había subido y el ángulo se había abierto, pero hacer ahora en medio del canal una maniobra de arriar la Mayor de noche, hizo que desistiéramos de ello hasta el amanecer, en el que sacamos la Génova y así arribamos a Ibiza a las 9:30h a.m., una hora menos. Nos dirigimos directos a Playas de Comte, al E de Isla Conejera. Una cala de agua turquesa, normalmente muy tranquila, donde nos bañamos y disfrutamos del primer baño en las aguas de Ibiza.
Después de comer y de una pequeña siesta, algunos fuera en bañera y hamaca y otros en los
camarotes, largamos el hierro y navegamos hasta Cala Grassio, una pequeña cala, donde el año anterior descubrimos un restaurante entre la pinada, donde decidimos bajar a celebrar mi cumple.
A la mañana siguiente, recorrimos con la dingui las proximidades y bajamos a tierra a por hielo, pero sin suerte, porque no nos quisieron vender. Así que subimos el fondeo y pusimos rumbo al N, porque según el parte se esperaba S. Fuimos a motor solo con la Mayor, que pronto, ante el flameo, arriamos también. Cerquita de la costa para apreciar el acantilado y poniéndole nombre a las distintas figuras que caprichosamente había formado la orografía en las rocas. Ya que era pronto, decidimos parar a mitad de camino en la ensenada de Aubarca. Una cala al NW que nunca habíamos entrado. En su fondo, arena y agua turquesas, alrededor de un pequeño islote, que debes dejar a tu E.
Varios veleros habían pasado la noche allí y un par más, llegaron mientras estábamos fondeados nosotros allí. Nos pegamos un buen chapuzón e hicimos snorkel, que por cierto fue de los más bonitos que he hecho en la isla, que rematamos con un ganado ángelus, antes de seguir la navegación hasta Cala Benirrás, la mítica cala con una piedra en forma de puño señalando al cielo
y donde históricamente los hippies se dan cita para celebrar a ritmo de bongos, la luna llena.
Nuevamente nos dimos un chapuzón para confirmar que el ancla había quedado bien agarrada y una siesta, antes de coger la dingui e irnos a la cala vecina, Port de San Miguel, a comprar hielo y algunas cositas más que faltaban. A nuestro regreso, próximo a la puesta de sol, nos sorprendimos gratamente al escuchar que desde la playa llegaban los sonidos de los bongos.
Preparamos rápidamente algunas provisiones, cervezas y snack, y nos bajamos a la playa para
despedir el sunset con ellos. Aunque únicamente cuatro personas tocaban los bongos, eran cuatro personas muy especiales, setentanarios, con pelo blanco, pero que evidentemente formaban parte de la tribu de hippies que en los años 70 invadió la isla.
Yo intentaba seguirlos con el pequeño bongo que llevo a bordo, pero sin demasiado éxito, aunque mi éxtasis era total, no podía creer la suerte que habíamos tenido siendo una semana antes de la luna llena. Y sobre todo, que nuestros amigos pudieran vivir lo que tantas veces les había relatado.
Tras el sunset volvimos a bordo, para que los mosquitos no siguieran con su festín, y nos hicimos una fantástica cenita bañada de buen vino español y reposada sobremesa con hierbas ibicencas, que hicieron que nuevamente las chicas, fuéramos las últimas en acostarnos, dándole a la blanda! Jajajaja.
El lunes, tras darnos el chapuzón en pellejillo matinero, como ducha diaria y arranchar todo a bordo, pusimos rumbo a bordear el NE de la isla, ya que el viento flojo del miso rumbo nos lo permitía. Con guía en mano iba relatando las distintas calas por las que pasamos, decidiéndonos a entrar en Cala
Mestella, una cala pequeña, donde nuestra quilla quedó rozando la posidonia y donde descubrimos el bar del Tío Bigote. Un pequeño restaurante de un pescador que solo hace un plato único, un caldero con lo que pesca a diario y da de comer hasta que se acaba. De hecho fue imposible comer allí, porque ya estaba completo, así que habrá que volver…
Solo otro velero pudo fondear delante de nosotros durante un ratito y después de un pequeño descanso seguimos navegando rumbo a Ibiza ciudad, ya que habíamos oído parte de temporal del Norte, F7 para las próximas 24 y además los tripulantes tenían que coger el ferry a Valencia desde allí. Así que llamamos por radio y nos garantizamos un amarre en el CN de Ibiza para esa noche. En el pantalán flotante, más extremo que tienen para transeúntes nos amarramos de popa,
con casi 20 nudos ya de NE, menos mal que conseguimos un amarre con muelles, porque entraba mucho mar y los tirones eran constantes. De hecho ellos fueron parte de la causa del resbalón que se pegó mi querida amiga al intentar entrar en la dingui y achicar el agua que había cogido durante la travesía.
Ya que, ya que estamos….pues aprovechamos para ir al Pereira esa noche, emblemático pub con música en directo, al principio de la ciudad antigua, que nunca te defrauda. Esa noche tocaba un grupo con una voluminosa vocalista negra que te derribaba con su potente voz, un batería que daba todo hasta deshidratarse y un guitarrista en consonancia. Los chicos se retiraron en el intermedio, pero nosotras nos quedamos hasta el final, bailando como poseídas y echando fuera todos nuestros demonios! Jajaja. Tras esto, dormir amarraditos, nos supo a gloria.
Al día siguiente echamos de menos el baño en pellejillo, pero no se puede tener todo, y el viento F7
realmente no paso de F5/6. Aunque el cielo estaba desapacible, medio nubladillo y era la mejor decisión para que ellos tomaran sin problemas su ferry, que hicieron a las 13h y nosotros soltamos amarras, rumbo a Formentera, haciendo previamente una parada en la marina Botafoch para repostar. No había nadie, así que el amarre fue fácil al llegar de través al pantalán de E y el viento nos retiraba, pero la salida, llegó una motora y la maniobra que habíamos pensado de dar la vuelta manteniéndonos amarrados de la proa no fue acertada, así que rectifiqué rápidamente y salí marcha atrás, hasta la bocana, donde viré en redondo y salimos de la dársena de Ibiza y su constante tráfico.
Nos recibió un mar del NE con olas de más de 2m y bajamos surfeando con solo Génova y haciendo puntas de 10 Kn para cruzar los Freus hacia Espalmador. Como no teníamos reservada boya no pudimos quedarnos y seguimos hacia Illetes, que estaba también a tope, pero tras varias vueltas, encontramos un hueco frente al restaurante Ministre y Juan y Andrea que venían anunciados en la guía. Pero bajamos a dar un paseo por la tarde en la arena y nos llevamos la desagradable sorpresa de que no daban cenas, así que andamos hasta el Molí de la Sal para reservar allí una vez más. Pero no podían venir hasta Illetes a recogernos, por lo que volvimos a cambar el fondeo para pasar la noche frente a él y poder bajar a cenar. La cuenta fue escalofriante, como siempre, pero la conversación valió la pena, frente al ventalón que mira al fondeo. Me temo que las islas Pitiusas van a morir de éxito, por lo menos para nosotros.
El jueves amaneció también nubladillo y más bien fresquito, totalmente desapacible para estar a
bordo, ni para nadar ni navegar. Además desde allí divisábamos como las nubes negras descargaban agua sobre Ibiza. Así que decidimos quedarnos y bajar al puerto de la Sabina en la dingui y darnos un paseo por los puestecillos del puerto, donde cargamos con regalos para los más pequeños y para alguna grande también, ……ya se sabe, quien reparte, reparte….se queda con la mejor parte! Jajajaja
Después de comer salió el sol, por lo que al despertar de la siesta levantamos el fondeo y pusimos rumbo a Ibiza, para buscar un fondeo tras Es Vedrá, en su parte SW, que nos diera mejor rumbo y aproximación para el cruce a la península. Cala Molí fue la elegida, pero nada más arribar, llegó una dingui y nos invitaron a conocer el Beach Club Maya de Cala Vedella (donde celebramos el año anterior mi cumple. Les dijimos que
iríamos si venían a recogernos, ya que tanto nuestra dingui como nosotros éramos mayores para hacer las 3millas que nos separaban y nos daba pereza, y como no, por supuestísimo que vinieron.
Un bonito lugar todo blanco, pero con poca concurrencia, cosa normal cuando vimos la cuenta. La comida no fue especialmente buena y les faltaba aun conocer algunas costumbres españolas, una vez más, se trataba de dueños italianos. Me temo que la mafia italiana está invadiendo las islas. Cometieron errores como no saber que era una clarita de cerveza, y nos quedamos flipados cuando le trajeron la cerveza y un platito con rodajas de limón natural! Jajajaja
La noche fue tranquila y apenas nos movimos, así que nos disponíamos a quedarnos en ella todo el día, si no hubiera sido porque a medio día rolo el viento a SE y la piedra que velaba a Br de la cala quedaba peligrosamente cercana a nuestra pala.
Aunque antes de cambiar el fondeo, nos dio tiempo a descubrir con la dingui, las cuevas próximas y otro Beach Club que había en la misma Cala Molí, que nos dejó boquiabiertos con su piscina y sus camas Tailandesas.
Nos tomamos una cervecita por 15€, alucinante y cambiamos el fondeo nada más comer, a ver si nos atracaban o algo, caramba! al Sur de Cala Tarida, en un fondo de arena y posidonia. Y como viene siendo habitual, tras revisar el ancla, hicimos un poquito de snorkel por las inmediaciones, pero solo volvimos con una bolsa de basura que fuimos recogiendo, que pena y que poco conciencia.
Sería nuestra última noche flotando, así que decidimos bajar para el sunset a la playa y comprar hielo. Allí descubrimos, como no, otro Beach Club “Tattar”, al más puro estilo ibicenco, desde donde vimos el sunset únicamente, no queríamos más clavadas, y nos fuimos a cenar y vernos una peli a la bañera de nuestro velerito, para salir al amanecer de vuelta a Valencia, tras lo que podríamos bautizar sin duda, en la ruta de los Beach Club de Ibiza!
P.D. No todo es jiji y jaja en las navegaciones, para información de todos, diré que en el diario de bitácoras, quedaría registrado un MD MD durante la travesía de ida, de la embarcación LUIVI con posición desconocida y peligro no definido, pero que se le había disparado la MMSI, anunciaban desde la estación de radio de Cabo de la Nao. Durante la travesía en Ibiza también oímos un PAN PAN de una persona desaparecida en la Bahía de San Antonio y en la travesía de vuelta, otro MD MD de la embarcación ESPERANZA, por parada de motor y vía de agua a 3 millas de Denia.